Senderismo
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Muchos científicos sostienen que “…para entender la vida, hay que entender los Trópicos”, refiriéndose a esa ancha franja central del planeta que recibe la mayor cantidad de sol a lo largo de todo el año. Es aquí en donde esa intensa energía luminosa se transforma en energía química, y crea miríadas de formas de vida que bullen desde el fondo de los mares hasta el tope de las elevadas cordilleras. Los bosques tropicales que aún quedan, sean de tierras bajas, medias o altas, son la reserva de una inmensa y rica biodiversidad en la que descansa nuestra supervivencia a futuro.
En Finca Lérida ofrecemos la más accesible, cómoda y segura caminata por este mundo de riqueza tropical, a través de senderos interpretativos de poca a mediana dificultad, que atraviesan jardines y cafetales, y se internan en nuestra reserva ecológica, cargada de tanta vida, agua y color, aunque ya tenga un siglo de vieja.
El Sendero de El Mirador
Es el más corto de la finca y el que se puede disfrutar en una caminata mañanera, o al atardecer. Desde el restaurante se sube media hora, hasta llegar a un punto alto de donde se divisan en forma espectacular las instalaciones de la finca, abajo, y al frente, las faldas armoniosas de la Cordillera Central con su descenso vertiginoso hacia las planicies chiricanas. A un lado y al fondo, la pintoresca y amplia garganta del Rio Caldera, en donde se apoltrona Boquete, y más allá, en la lejanía, las islas del Golfo de Chiriquí, sobre el Océano Pacífico. El Sendero de El Mirador pasa brevemente por uno de los brazos del Bosque Primario Tropical, con árboles impresionantes.
Hacia la izquierda: El Sendero de La Cascada
Es la continuación del Sendero del Mirador, y se puede recorrer, a paso relajado, en un par de horas, ida y vuelta. Remonta desde el restaurante, sube y serpentea por cafetales hasta alcanzar los 1,800 metros de altura, y luego se mete hasta los bordes del bosque tropical de altura, el que se clasifica como Bosque Pluvial Premontano, y toca las enigmáticas regiones del PILA, Parque Internacional La Amistad.
El caminar este sendero es una delicia para los sentidos, y un estímulo al conocimiento. El aire siempre está recién filtrado por millones de plantas, libre totalmente de contaminantes, y la temperatura que fluctúa entre los 16 y 20° C, siempre fresca y agradable. Esta caminata –sin grandes esfuerzos– se convierte en una vigorizante forma de experimentar la vida natural: desde sus expresiones más primitivas, como hongos, helechos e insectos, hasta encontrarse en abrazo espiritual con su exuberancia forestal, plena de heliconias, orquídeas y palmáceas, y luego extasiarse contemplando los corpulentos y centenarios árboles que aún quedan del Bosque Primario o Primitivo. Gigantes vegetales llenos de bejucos y Epífitas, esas incontables plantas aéreas que, a falta de suelo, se mantienen chupando vida en los elevados doseles del bosque. Aquí se palpa con todos los sentidos la armonía y la interrelación balanceada que existe en la vida pura, retratada en este pedazo de bosque tropical.
Este sendero de La Cascada bordea la garganta del rio Velo, y le lleva hasta las zonas de la finca, a 1,900 msnm, que colindan con el Parque Nacional Volcán Barú, y más allá, con el inmenso Parque Internacional La Amistad, PILA, que comparten Panamá y Costa Rica. Es un parque transfronterizo de medio millón de hectáreas que albergan una de las más ricas biodiversidades del planeta. Con su extensión cubre desde arrecifes protegidos en el Mar Caribe hasta los bosques elevados de la Cordillera de Talamanca, que cruza la frontera de ambos países.
Entre la enormidad de su fauna, se han contabilizado 550 especies de aves. Unas 150 de esas especies del PILA se pueden avistar regularmente en este Sendero de La Cascada, y entre febrero y junio se puede avistar fácilmente el Quetzal Resplandeciente.
Hacia la derecha: El sendero de El Roble
Es el segundo en extensión, y al igual que el Sendero de La Cascada, bordea la quebrada de “El Velo” pero hacia el lado contrario, hacia las partes bajas de la finca, a 1,600 msnm. Aquí caminamos a través de un bosque que se regenera en nuestra reserva forestal (Bosque Secundario) hasta desembocar en los cafetales, en un rincón de la finca. En una caminata de hora y media, muy ilustrativa y agradable, el Sendero del Roble nos lleva a visitar dos tipos de bosques tropicales de tierras altas –Primario y Secundario–, y un bosque cafetero que les sirve de zona de amortiguamiento.
La Caminata de Monika
Este es el sendero más largo de todos, y para Finca Lérida es un homenaje viviente al Ingeniero Toleff B. Mönniche, veterano del diseño y construcción del Canal de Panamá, precursor del cultivo y exportación del Specialty Coffee panameño y un naturista autodidacta, que fue forjado en las tierras elevadas y agrestes de Boquete. En esta remota y exquisita región que tanto quiso, y en la que dejó un legado único, le conocían con el nombre de “Monika”, y de ahí el nombre del sendero, que no es más que un circuito que amarra los tres senderos principales de Finca Lérida y se puede recorrer en unas tres horas, a velocidad muy apacible, que re-oxigena y recarga energías.
Comienza desde el restaurante y sube por el Sendero del Mirador, y vuelve para internarse en el bosque y enlazar con el Sendero de La Cascada. Al volver sobre este sendero, la Caminata de Monika continúa por el Sendero de El Roble y termina en los cafetales adyacentes al restaurante. Una espectacular caminata, única en el mundo, sobre todo si tomamos en cuenta que este fue el recorrido principal que Toleff Mönniche hizo sistemáticamente durante 20 años, para completar una colección de aves de más de 1,600 especies, y que luego donaría al Fields Museum de Chicago. También hay que tomar en cuenta que Mönniche terminó de preparar la última especie de su colección, cuando tenía 78 años.
Ahora, a lo largo de la Caminata de Monika en Finca Lérida, todavía se puede gozar, en un solo recorrido, la profunda belleza del cafetal y del bosque tropical que éste inusual ingeniero constructor del Canal, cafetalero, hortelano y naturista noruego experimentó durante tantos años.
- RESERVA ECOLÓGICA
Un 70% de Finca Lérida es reserva ecológica. El Ing. Toleff Mönniche era un gran aficionado a la caza y la pesca, pero al comprar la propiedad que eventualmente evolucionó en Finca Lérida, descubrió un mundo tan insospechado para él que sin ningún estudio formal de ornitología, construyó una de las mejores y más completas colecciones de pájaros de la América Tropical. El bosque primario y secundario que poseía la finca, y que él decidió dejar como eterna reserva ecológica, le suministró un tesoro impresionante de fauna y flora como pocos en el planeta. En una tarea única en el mundo, el Ing. Mönniche coleccionó, disecó y describió en forma inteligente y magistral, 1,611 especímenes de aves en un periodo de 20 años, de 1932 a 1952.




